1/11/14

Liberales en Noruega: tenemos derecho a arriesgarnos

El subjefe de la policía utiliza palabras muy duras para describir la vida nocturna de Oslo, y piensa que el gobierno debe establecer un adelanto en los horarios de cierre de bares y restaurantes a las 2 de la madrugada. Estoy contenta porque él no sea escuchado.

Según el subjefe de la policía de Oslo Roger Andresen, la vida nocturna de Oslo "es una orgía de borrachera, vómitos y sangre". El muestra su consternación porque el Gobierno no establezca un adelanto generalizado en los horarios de cierre en la ciudad a las 2 de la mañana, y piensa que ésta sería una medida determinante para reducir el número de episodios violentos.

Pendiente resbaladiza.
Una cosa es que no haya pruebas claras que demuestren que el adelanto de los horarios de cierre conlleven menor violencia. Lo que es mucho más preocupante de cualquier forma es que si se aceptan los argumentos de Andresen, se acaba llegando a una sociedad bastante asfixiante. Porque nadie puede creer que la violencia y otros problemas relacionados con el alcohol vayan a desaparecer totalmente porque se disponga de una hora menos para beber. ¿Por qué no entonces adelantar el cierre de establecimientos expendedores de alcohol a la 1 de la madrugada? ¿O a la medianoche? En realidad nadie necesita salir de marcha más allá de la medianoche.

Y si se piensa un poco, el alcohol produce demasiadas cosas negativas en líneas generales. Entonces, ¿por qué no prohibir la venta de alcohol de forma total?

Claro, ¿por qué no? Principalmente porque nos gusta un poco de fiesta de vez en cuando. Lo mismo que nos gusta conducir coche, a pesar de que no sea absolutamente necesario. Hacemos esquí alpino. Montamos a caballo, nos bañamos en el mar, salimos a cazar. Estos son sólo unos pocos ejemplos de cosas que los seres humanos hacemos y que están llenas de riesgo, que potencialmente pueden hacernos daño, pero que al mismo tiempo nos hacen sentir que vivimos. Si queremos minimizar el riesgo de hacernos daño podemos sellar todas las salidas, mantenernos en la abstinencia, trabajar en casa y no arriesgarnos para nada. Quizás así nos mantengamos en forma y sin riesgo de hacernos daño, pero yo personalmente creo que me subiría por las paredes.

La prohibición tiene el efecto contrario al deseado.
Además se puede por supuesto objetar que a menudo, la prohibición produce el efecto contrario a lo deseado. El ejemplo clásico es cómo la mafia norteamericana floreció en la década de los 20 y principios de los 30, durante los famosos años de "la prohibición", cuando la venta de alcohol estuvo prohibida en los EE.UU. Pero no hace falta llegar tan lejos: una regulación rígida de los horarios para expender alcohol en los locales nocturnos de Oslo puede propiciar quizás un aumento de los clubs ilegales, aunque principalmente conducirá a un aumento de la ya extendida costumbre de fiestas privadas. En lo que a mí respecta prefiero que la fiesta se desarrolle de forma controlada con guardas de seguridad presentes, en vez de en el edificio de enfrente donde vivo y que da justo a la ventana de mi dormitorio.

Por supuesto que se puede criticar la cultura de emborracharse. Lo mismo que se puede criticar otros comportamientos que conllevan riesgo, especialmente los que crean peligro para los demás. Pero la cuestión es que vivimos en una sociedad libre. Cuando la solución propuesta para un problema social implica prohibición, y además no es necesariamente ni tan siquiera solución, entonces tenemos que ejercer nuestro derecho a arriesgarnos.

Fuente: minervanett.no